Un fracaso cultural

Autor: Saúl Arellano

Hay eventos y momentos que tienen la capacidad de mostrarnos, sintéticamente, las monumentales carencias y rezagos que tenemos como país. En nuestro caso, tenemos de manera reciente el tema de los Juegos Olímpicos de Río, 2016, en los cuales el problema no se encuentra en haber obtenido pocas o muchas medallas, sino en todo lo que no se ha hecho como país para llegar a ellas.

El análisis sobre el tema puede iniciar, de manera elemental, con la estadística básica, y comparándonos con el país que tuvo mejor desempeño, porque si queremos mejorar, sin duda hay que aprender de quien mejor lo hace.

Para estos Juegos Olímpicos, México envió 125 atletas en 26 deportes; de ellos, al menos 25 participaron en deportes de conjunto, tales como el fútbol o el voleibol de sala y el de playa, teniendo un resultado general de 5 medallas: tres de plata y dos de bronce. Por su parte, los Estados Unidos de América enviaron a 554 deportistas en 34 deportes, obteniendo en total 121 medallas: 46 de oro, 37 de plata y 38 de bronce.

México tenía en 2015 una población de 119.5 millones de personas; en los Estados Unidos de América era de 324.5 millones. Lo anterior significa que en México enviamos aproximadamente 1 deportista por cada millón de habitantes, mientras que en los Estados Unidos la razón sería de alrededor de 1.8 deportistas por cada millón de habitantes.

México obtuvo .04 medallas por participante; mientras que los Estados Unidos de América obtuvieron .21 medallas por cada uno de las y los atletas que participaron; es decir, en México se requiere enviar a 25 atletas para que se obtenga una medalla; mientras que en los Estados Unidos de América se requieren 5 atletas para obtener una medalla. La diferencia pues, es de uno a cinco.

De ahí se desprenden varias preguntas: ¿por qué en un país con 10 mil kilómetros de litorales, sólo podemos enviar a tres deportistas en el deporte de Vela? ¿Por qué en un país en donde se ha tenido una gran cantidad de campeones mundiales de boxeo, sólo podemos clasificar a 6 peleadores? ¿Por qué en un país con 44 lagos y lagunas, y con 667 “grandes presas” (la clasificación es de CONAGUA), sólo tuvimos a un participante en Canotaje?

Los factores que explicarían las respuestas a estas preguntas sin duda son multicausales y complejos; pero hay cuestiones que saltan de inmediato a la vista. Por ejemplo, deberíamos preguntarnos cuál es el nivel académico de nuestras y nuestros atletas y cuántos de ellos tienen becas universitarias, como ocurre en los Estados Unidos de América.

Deberíamos preguntarnos también cuál es la infraestructura deportiva del país: ¿cuántas albercas públicas tenemos, y cuántas de éstas son “olímpicas”? ¿Cuántas canchas de fútbol, básquetbol y voleibol tenemos? ¿de cuántas pistas de 400 metros disponemos? Es decir, cuál es la oferta disponible para que, sobre todo las y los jóvenes puedan tener en la práctica deportiva una actividad recreativa de calidad y en muchos casos, también una opción profesional.

Hay decisiones de política pública que no se han tomado: tenemos los más altos índices de obesidad y sobrepeso entre los países de la OCDE, y eso tiene que ver con el incumplimiento del derecho a la alimentación; pero también de los derechos a una educación de calidad y de acceso a servicios recreativos y culturales de calidad.

Sin duda el esfuerzo individual realizado por las y los atletas mexicanos para llegar a los juegos olímpicos es incuestionable; lo que debe ponerse sobre la mesa es el hecho de que el deporte de alto rendimiento refleja en buena medida, no sólo el nivel de desarrollo económico, sino también el cultural y organizativo de un país: y en eso México tiene enormes retos y rezagos qué resolver; por lo que no es exagerado sostener que el fracaso deportivo es también un fracaso cultural.

@saularellano

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