Revire del 11 de agosto de 2016

La obsesión del presidente Enrique Peña Nieto por imponer a sus amigos e incondicionales en  puestos públicos, aun cuando no cuenten con la capacidad o experiencia en las áreas a dirigir, ha tenido como consecuencia, en ciertos casos, resultados desastrosos. Como el del  controvertido Alfredo Castillo Cervantes, titular de la Conade, que lo mismo puede desempeñar el cargo de procurador del Estado de México, dirigir a la Profeco o asombrar a la opinión pública en su labor como el probo y sagaz Comisionado para la Seguridad y Desarrollo Integral en Michoacán. Hoy, Castillo está nuevamente  en el ojo del huracán por los vergonzosos resultados de la delegación olímpica en Brasil. Mientras este funcionario pasea con “su pareja” durante la justa deportiva en ese país, los consabidos pretextos no tardaron en aparecer: la tirria de los jueces, las multas no pagadas, el Zika, Neymar… mientras, ahí seguirá, cobrando y cobrando.     

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