Revire del 10 de mayo de 2016

La presencia del crimen organizado en la política mexicana no se puede negar, basta recordar  lo que sucedió en Iguala con el matrimonio perredista de Los Abarca para confirmarlo. El enorme poder financiero de las bandas criminales cuya actividad principal es el narcotráfico, tiene la capacidad de corromper al más probo –si es que existe- de los políticos. Se ha comprobado que los alcaldes son las autoridades más frágiles y también apetitoso bocado para los bandidos, muchos de ellos, incluso, han perdido la vida. La indefensión en que se encuentra la mayor parte de los presidentes municipales ha sido expuesta una y otra vez sin que el Gobierno haya podido solucionar tan delicado tema. Por eso es que no extraña el retiro de las tres candidaturas priistas a alcaldes en Tamaulipas por supuestos nexos de los aspirantes tricolores con la delincuencia organizada.

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