Revire del 06 de septiembre de 2016

El fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que ayer declaró inválidas -de forma unánime- las leyes anticorrupción de Veracruz y Chihuahua, rescata un poco el prestigio del máximo tribunal en el país. Las pretendidas reformas de Javier Duarte de Ochoa y César Duarte Jáquez, con las que pretendían “blindarse” de los presuntos delitos de los que se les señala, fueron desactivadas por el Poder Judicial. Si la decisión fue por consigna, no lo sabremos. El hecho es que ambos gobernadores priistas deben poner las barbas a remojar, pues el cadalso cada vez está más cerca de ambos. En el debacle tricolor de las pasadas elecciones de junio, los Duarte perdieron sus respectivas plazas, resultado que, además, los dejó mal parados en Los Pinos, y definitivamente los convirtió en pesadas rémoras. Otro peligro en ciernes para los dos “virreyes” es que estarán a merced de sus sucesores. ¿Justicia divina?      

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