Gira sexualidad en torno a estereotipos sociales

Reducir la sexualidad de un hombre o una mujer a una molécula es un tema complejo, sobre todo cuando ésta gira en torno a estereotipos sociales que se adquieren desde la concepción, pues se vive en una sociedad sexuada, refirió el doctor Jorge Alberto Álvarez Díaz, profesor invitado de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)

Durante la plática Sexualidad masculina y el sildenafilo. Sexualidad femenina y la flibanserina dirigida a los alumnos de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud, el académico de la Unidad Xochimilco desarrolló desde el punto de vista biológico y social los tópicos de la sexualidad masculina y femenina que involucra la reproducción, el erotismo, el género, la orientación y las identidades.

En el marco de las 1as. Jornadas de actualización farmacéutica 2016, convocadas por la sección estudiantil de la Licenciatura en Químico Fármaco Biología, el profesor de medicina sostuvo que asumir que únicamente existe la categoría hombre-mujer representa un problema cultural, pues de ello dependen las actividades asignadas por los grupos sociales desde la concepción.

Con esta visión social dicotómica de género, las mujeres crecen asumiendo su rol y los hombres en una negación de la feminidad, en la que se les enseña a no ser mujeres, explicó el profesor del Departamento de Atención a la Salud.

Las disfunciones de los seres humanos son variadas y los problemas más comunes están relacionados con el deseo o la orientación sexual. El hermafroditismo, poco común pero existente, es una de estas categorías que hay que considerar, y entre éstas, las de tipo fenotípicas, como las disgenesias gonadales con fenotipo femenino y pseudohermafroditismo femenino y masculino.

Biológicamente somos de una forma, socialmente nos dicen cómo tenemos que ser de acuerdo a nuestras masculinidades y feminidades. Nuestros sentimientos cambian respecto a nuestro sexo o respecto a lo que sentimos que somos de acuerdo a nuestro género, y la orientación sexual o inclinación también es otra. El espectro es amplio y no es fijo o estático, pues de alguna manera todos nos movemos en una bisexualidad originaria.

La medición de la bisexualidad es a través de escalas que van desde el reconocimiento de la belleza entre personas del mismo género, hasta las aproximaciones erótico-afectivas, determinadas por cada individuo y expresadas de manera subjetiva.

La respuesta sexual es integral al ser humano, mediante un conjunto de modificaciones biológicas, fisiológicas y corporales, que ocurre tanto en el varón como en la mujer en respuesta a un estímulo sexual. Si en la respuesta sexual algo incrementa, disminuye o no coincide, se habla de una disfunción sexual, ya sea en el deseo, la excitación, el orgasmo, los periodos refractarios o en las hipofunciones presentadas en la vejez sana, en la que los periodos de deseo en la mujer disminuyen y los hombres presentan problemas de disfunción eréctil.

Para contrarrestar estos padecimientos, en los años 90, cuando la prevalencia de disfunción eréctil en adultos de 40 años en adelante era de 55 por ciento, se dio a conocer el sildenafilo, molécula utilizada como medicamento en la mejora de la calidad eréctil y comercializado por los laboratorios Pfizer con el nombre de viagra. Ahora hay otras moléculas relacionadas con este padecimiento, con variables de indicación y menos eficaces.

Para el caso de los padecimientos femeninos, se comercializó la flibanserina o Addyi, molécula que ayuda a incrementar el deseo sexual de la mujer al actuar sobre determinados neurotransmisores del cerebro con acción doble: Por un lado es un activador que se une a receptores de la serotonina, un neurotransmisor del sistema nervioso central. Tras la unión, activa este neurotransmisor como hacen otros medicamentos antidepresivos. En paralelo, se une a otros receptores neuronales, esta vez de la dopamina, que en vez de activarlo, lo inhibe.

Ambos medicamentos funcionan en condiciones saludables del ser humano; sin embargo, lo mejor para tener una vida sexual plena es mantener una relación sana con la pareja, considerando que en ésta las relaciones afectivas no son lo más complicado, lo complejo es compartir y desarrollar un proyecto de vida en común y mantenerlo, aseguró el académico.

*Fuente: UAM-343 del 16-08-2016*