Los dioses de la tierra y el agua

Nadie se quiso perder la actuación histórica de Michael Phelps y ahora no lo harán con las de Usain Bolt.

La admiración por estos atletas sobrehumanos es impresionante. La realidad es que la humildad de ambos también es impresionante. Hablamos de los hombres más exitosos sobre la tierra y el agua. Ellos solos llenan estadios.

Cualquiera que vio a Phelps y está viendo a Bolt en Río puede darse por bien servido. Observó a dos leyendas del deporte en la historia.

Phelps patentó su supremacía y la leyenda que representa en Juegos Olímpicos. Hace que luzca fácil, pero para entender completamente cuán importante es el dominio de Phelps en la natación a sus 31 años, solo es necesario echar un vistazo a su compañero de equipo, Lochte. Cuatro años antes aplastó al mundo en la prueba individual de los 400m y muchos sugirieron que era mejor que Phelps. Ahora, con 32 años, estuvo en Río para competir solo en una prueba individual.

En cambio, Michael dejó Río con seis medallas colgando de su cuello, cinco de ellas de oro y una plata, dándole un increíble récord de 28 preseas, 23 de oro, 3 platas y 2 bronces.

Cuando el nadador de Baltimore consiguió su oro número 22 en lo que va de su carrera, se convirtió en el deportista olímpico más laureado de la historia. Logró batir un récord impuesto hace 2,168 años. Ha conseguido imponerse por 13.ª vez consecutiva en competencias individuales, superando la marca impuesta en el año 152 A.C. por Leónidas de Rodas, uno de los atletas más famosos de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad.

Las especialidades del antiguo rey olímpico eran los eventos denominados Stadion y Diaulos, similares a lo que hoy en día se conoce como carreras de velocidad en 200 metros y 400 metros respectivamente, así como el Hoplitodromos, una carrera de 400 metros durante la cual los atletas vestían una armadura de bronce y cargaban un escudo. De esta forma, Leónidas venció en las 3 carreras consecutivamente en los juego número 154, 155, 156 y 157 en los años 164 a.C. a 152 a.C. En total, fueron 12 victorias individuales frente a las 13 de Phelps., quien hace unos meses había perdido todo sentido de sí mismo.

Los primeros cuatro actos de su carrera en el olimpismo, poco hacían indicar que el ídolo se retiraría, que caería a lo más bajo, pero renacería.

Dos años antes, tras ser la estrella junto a Usain Bolt de los Juegos de Londres 2012, había anunciado su retirada. Fuera del agua perdió el rumbo. Y decidió regresar una última vez. A Río, ya con 31 años.

Quizo nadar ante los ojos de su hijo, Booner, nacido el 5 de mayo, que asistió a su última misión. Phelps no regresó por dinero. Gana casi lo mismo sin ponerse el traje de baño. Cuando alcanzó en los Juegos Olímpicos de Londres las 22 medallas, su agente recibía a diario más de veinte ofertas para patrocinar al nadador de Baltimore. Firmas como Omega, Speedo, Louis Vuitton... Ha puesto su nombre hasta a una marca de cereales.

Tras vomitar sus adicciones, Phelps resurgió como el ave fenix. Dejó los Juegos Olímpicos con el aplauso unánime, pero lo que se mueve aquí es diferente. El Tritón es la máquina devoradora; Bolt es casi lo mismo, pero transmite mucho más energía al corazón del público. Todo el estadio se rinde ante él. Apenas pisa la pista, su nombre retumba: "Bolt, Bolt, Bolt". El de los pies ligeros levanta los brazos y maneja a la afición. Voltea hacia un lado y pide aplausos: obtiene una ovación. Voltea hacia el otro lado, pide y gana lo mismo. Su manejo de la tribuna es único.

Lo mismo sucede en la pista. Acomoda su arrancador y empieza a pasearse tranquilamente hacia los 40 metros. Regresa. Conoce la pista que ha recorrido tantas veces. Pide silencio y la respuesta del público es unánime.

Desde que Bolt aparece nadie regresa a su asiento. Nadie quiere perder un movimiento. El silencio del estadio se corta con una aguja.

Bolt, nunca se le ha caracterizado por tener la salida más rápida. Esta vez tampoco, pero a los 50 metros sus enormes zancadas se meten a la mente de Gatlin, justo como sucedió hace un año en el Campeonato Mundial. Lo rebasa y llega a la meta antes que él, cómo ha sucedido en los últimos 10 años.

Afloja la máquina y se golpea el pecho con esa señal de suficiencia que ha enamorado al mundo. Y como lo dice en su autobiografía: "cuando te gano una vez, nunca más volverás a ganarme". Esa fue la historia de su vida deportiva.

Como emperador romano, su nombre es coreado en la tribuna. "Usain Bolt; Usain Bolt". El mundo se muestra contento con el hombre más rápido. Es el rey y lo sabe. Su sonrisa se vuelve a pasear por la pista. Empieza con éxito la búsqueda de su triple triplete olímpico.

Sólo Bob Marley, el jamaicano más universal, puede explicar lo que el mundo siente por Bolt.

Admito que el ver a estos dos hombres, a Michael Phelps desde Atenas 2004 (aunque debutó con 15 años en unos Olímpicos, en Sidney 2000) hasta hoy en día, y a Usain Bolt, desde Beijing 2008, ha sido un privilegio, porque he visto a dos leyendas del deporte en la historia.