Al Tri y a Osorio, ni cómo ayudarlos

Ni un posible veto al Estadio Azteca por el grito nuevamente de “Eeeeeh…Puuuuto”, ni la recepción triste del aficionado hacia la Selección Mexicana opacan el mal funcionamiento del Tri en sus dos más recientes juegos de la eliminatoria mundialista.

Hay victorias como visitantes que no dan felicidad, ni curan todas las llagas. Hay empates sin goles en casa que decepcionan y hacen recordar una goleada histórica.

El 3-1 sobre El Salvador. Un veredicto poco elocuente, sufrido por pasajes del partido. Porque México salió con indicios de temor, administrando la adrenalina que exigía un partido en el que debía rescatar más que el resultado, debía, además ornamentarlo de buen futbol.

Al final, México saca la victoria reaccionado por impulsos, a estertores, con desesperación, y como un acto de contrición, después de un primer tiempo, con dureza y con rudeza, de los salvadoreños.

Un 0-0 ante Honduras, que hace pensar que al Tri no le alcanzará ese futbol en el Hexagonal Final ante selecciones como Estados Unidos, Costa Rica, Panamá, Trinidad y Tobago y ante los propios catrachos.

Juan Carlos Osorio no busca la puerta de salida de la Selección Mexicana, sino un proceso que lo lleve a Rusia 2018, aun con todo y los reclamos y gritos de la afición tricolor de “Fuera Osorio, Fuera Osorio”.

“Para nada”, fue su respuesta, al interrogarlo sobre si los recientes resultados y actuaciones de la selección mexicana podrían interrumpir su proceso con el Tri.

México se jugaba el prestigio, tras la debacle en los Juegos Olímpicos y el 7-0 ante Chile en la Copa América. Si lo salvó fue por poco. El Tri se clasificó a la siguiente ronda de las eliminatorias mundiales, pero empató sin goles en un partido adormecedor. El equipo de Juan Carlos Osorio no fue capaz de anotarle un gol a su rival en el estadio Azteca.

Los hondureños llegaron al partido con la encomienda de ganar para mantener sus esperanzas en la pelea por un boleto al Mundial. Y lo lograron. Los catrachos se aferraron a esa última oportunidad en un Azteca desolado por la baja asistencia de la afición.

A los mexicanos les costó más de 15 minutos pisar el territorio hondureño. Fueron tímidos recorridos de Héctor Herrera y algunos chispazos de Javier Aquino, que prácticamente no jugó por la banda. Nada más. Su defensa parecía padecer de pánico escénico ante sus propios compatriotas, los jueces más severos. Diego Reyes perdió balones ante el vigor del centroamericano Alberto Elis.

México se olvidó de atacar. Así fue el primer tiempo entre los abucheos desde la tribuna. La fortuna estuvo del lado mexicano para que no cayera el gol de visita.

En el segundo tiempo, los mexicanos tuvieron una reacción tímida. El equipo mexicano sigue sembrando dudas previo a la ronda decisiva para alcanzar un asiento para el Mundial de Rusia.

A pesar de los abucheos, los silbidos que llovieron desde la tribuna al medio tiempo y al final del juego, Osorio fue claro al señalar que su equipo le gustó en la cancha, y justificó su argumento con un discurso ponderando el segundo tiempo de sus jugadores.

“Me siento mejor preparado que antes, me siento fuerte y entusiasmado para seguir con este proceso”, indicó.

Cinco partidos ganados y uno empatado, con 13 goles a favor y uno en contra. Estupendas estadísticas, pero el desempeño no es el idóneo.

Ni siquiera en el Hexagonal Final que iniciará en noviembre, cuyo grado de dificultad será superior al que se encaró en el cuadrangular recién concluido, podrá medirse cabalmente el potencial de esta Selección Mexicana dirigida por Juan Carlos Osorio, quien nunca ha conectado la puerta de entrada con la de salida de manera inmediata.

Los dos anteriores procesos mundialistas necesitaron de cuatro entrenadores, y con México en estado de coma. Estaba más cerca de la autopsia que del Mundial.

El técnico colombiano tiene muchísimas virtudes: trabajador, detallista, culto, educado, y por encima de todo estudioso del futbol. Pero, muchas veces esas virtudes no encajan con el vestidor del Tri, que tendrá dos visitas seguidas, primero contra su principal rival, Estados Unidos el 11 de noviembre y cuatro días después contra los panameños.

Tal vez aún no lo sabe Osorio, pero ese proceso de credibilidad hacia su trabajo, y menos con el triste 0-0 en el Estadio Azteca, borrarán el 7-0 ante Chile y otros fracasos más del Tri. México aún mantiene una deuda pendiente con los suyos.