Muros, sinónimo de exclusión

Desde Bolonia, Italia.- No conocí el muro de Berlín, ni mucho menos ese mundo que vivieron los alemanes. Solo he visto los restos de aquella separación y he tratado de imaginar aquello que significaba para unos y para otros, ya que las condiciones determinan la óptica y, sobre todo, la vida de millones de personas imposible de imaginar.

Recuerdo que seguí por televisión la caída del muro de Berlín en 1989, hecho del siglo pasado que celebró el mundo entero. En fin, para que ir tan lejos en el tiempo y en el espacio, si en la frontera entre México y los E.U.A. ya han construido una especie de muralla y proponen construir un gran muro entre dos de los países firmantes de Tratado de Libre Comercio (NAFTA). Contradicción o simplemente testimonio de nuestro tiempo.

Aquí en Europa también se plantea la construcción de nuevas vallas de separación o fortificar las existentes, ya que para algunos es el mejor modo para frenar la entrada en los paraísos capitalistas a quienes huyen de las guerras, las miserias o las hambrunas. Una realidad construida por el hombre. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU); hoy en día más de 300.000 migrantes han cruzado el Mediterráneo hasta Europa en lo que llevamos de año, muchos menos que los 520.000 que llegaron durante los primeros nueve meses de 2015. No es cuestión de números sino de vidas.

Sin embargo, los conceptos de muros y de migrantes determinan la tendencia de la política, no solo de nuestro vecino y la nuestra sino también de los países europeos. Un binomio contradictorio que no conduce a la unión, a la cooperación internacional , a todo eso que establece un dialogo y, por consecuencia, a una convivencia como lo pretende la ONU, cuyos objetivos son el mantenimiento de la paz tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial, el desarrollo para encontrar solución a los problemas de carácter económico, social, cultural o humanitario, los derechos humanos escritos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y el derecho internacional para alcanzar la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional. Todo un sueño.

Hoy, la idea de lo que denominan desarrollo sostenible para fomentar la prosperidad y las oportunidades económicas, un mayor bienestar social y la protección del medio ambiente, son cuestiones que no parecen tener muy claro nuestros gobernantes. Claro que el caso Peña Nieto y Trump son un caso perdido, uno que ni se entera de donde está parado y el otro que abre boca porque no sabe callar, ambos son claros ejemplos de esa tendencia al populismo que esta extendiéndose en el planeta.

Los flujos migratorios siempre han existido y los muros no son eficaces para evitar el cruce ilegal de inmigrantes mexicanos, ni mucho menos de refugiados e inmigrantes en Europa. En ningún caso, somos al cien por ciento una carga para el desarrollo de los países, simplemente representamos mano de obra y una riqueza cultural que fuera de control y sin un plan de desarrollo sostenible se interpreta como el mal del siglo. Ya lo hemos visto con el Brexit. Los ingleses que votaron a favor de la salida de la Unión Europea consideran que la migración es la causa de todos sus males. ¿Ignorancia o populismo?

Aquí nos toco vivir, aquí estamos tratando de descubrir cómo enfrentar las consecuencias del resultado del referéndum ingles y, al mismo tiempo, somos testigos del muro de Calais, en Francia. Una valla de cuatro metros de alto y un kilómetro de extensión levantada a los dos lados de la carretera que conduce al puerto y cuya construcción costará más de dos millones de euros. Una pérdida de dinero. ¿Es una cuestión política o económica?

A quién quieren engañar, los inmigrantes no les quitamos los empleos ni contribuimos a la reducción de los salarios y las ayudas de los gobiernos a los ciudadanos. Ya lo decía Andrew Solomon en The Guardian: "la Historia demuestra que, en muchas ocasiones, buenas vallas hacen enemigos reales. Los muros son símbolos concretos de exclusión, y la exclusión no suele ser una medida diplomática".