La verdad siempre duele

Desde Bolonia, Italia.- Entre el dicho y el hecho hay un buen estrecho. Entre lo que dicen ciertos tipos de poder y lo que hacen estos cada día hay una falta de sentido o de lógica. Es difícil explicar sus actos pero también el grado de aceptación de un pueblo para que sus gobernantes hagan lo que quieran. Los encuentros, tanto  público como privado, entre Trump y Peña Nieto, la simple presencia del candidato republicano a la presidencia de los EE.UU. en el territorio mexicano y la incompresible posibilidad de dialogar son incongruentes con los principios de cualquier individuo que tiene la responsabilidad tratar  asuntos políticos y , sobre todo, de reguardar la integridad y los derechos humanos de un pueblo que tiene una trayectoria histórica y una identidad propia que lo sostiene hasta en estos casos de circo político, de confusión, desorden y caos. 

La situación política en el país representa un estado amorfo e indefinido que, siendo positivo y respetando la definición de la palabra, se supone anterior a la ordenación del cosmos  político, pero la veo dura. Por una parte, somos un pueblo que resiste, tanto que Trump lo ha confirmado diciendo que los mexicanos somos excelentes trabajadores,  en otras palabras, somos fuertes, resistimos y soportamos bien la fatiga y, además, tenemos un sector político que es duro, terco y obstinado. En fin, todo tiene su límite y tarde o temprano  llegaremos a una situación difícil de tolerar. Los duros hablan hablan y no cambia nada para el bienestar del pueblo, ni para aquellos que gozan de ciertos privilegios.

El principio de la convivencia es establecer un dialogo, no construir un muro.  Vivir en compañía de otro u otros no es fácil, por la simple razón de que ciertos individuos no son lo que parecen, ni siquiera diplomáticos, será por falta de sensibilidad o de educación. Recordemos que  las condiciones determinan los hechos. Cómo es posible que primero te insultan y después le organizas el escenario para su teatrito. ¿Y la dignidad dónde está?

Ni una disculpa, ni una palabra que demuestre una actitud que reconozca sus faltas, simplemente, una puesta en escena más que confirma la carencia de una formación política y la ejecución de un juego “político”. En cuanto a quien nos representa, no tengo palabras, totalmente incapaz. El pastel está en plena descomposición y el muñequito del pastel sigue en pie.

Lo mismo sucederá con el muro. No importa quién lo pague y cómo sea. Tal vez la construcción del muro correrá a cargo de los mexicanos como lo ha declarado Donald Trump: “México no lo sabe aún, pero pagará el muro al 100%”, en Phoenix tras su encuentro en la Ciudad de México con Peña Nieto, el mismo que desmintió horas más tarde y aseguró en Twitter que  “al inicio de la conversación con Donald Trump dejé claro que México no pagará por el muro”. Las declaraciones pueden seguir al infinito, lo fundamental sería crear una política de migración para darles a los individuos las mejores condiciones de vida y motivar la convivencia entre quienes llegan y quienes ya están en un territorio.  Pero ninguno de estos dos duros tiene la menor idea de que significa migrar y sus visiones de la migración no son coherentes con la realidad.

No cabe duda que cada quien vive su propia realidad.  Trump ha declarado que van a construir un muro “impenetrable” y “maravilloso”, y  lo pagará México. Pero yo insisto, no importa quién lo pague, ni cómo sea, el hecho irónico es que su realidad no corresponden a ninguna realidad como lo confirma su declaración sobre el señor Presidente de la República de los Estados Unidos Mexicanos a quien califico como “maravilloso, maravilloso presidente”.

Dejemos lo personal. Repito: lo esencial es una política de migración que respete los derechos humanos y contribuya al bienestar de la comunidad; de lo contrario, la realidad nos devorará por sí misma porque las diferencias en la calidad de vida, la pobreza, el desempleo aumentarán. Hace años que teníamos que pensar en el fenómeno de la migración. Hemos querido cubrir el sol con un dedo, mejor dicho, con tratados como el NAFTA pero las dimensiones aumentan y si seguimos por este camino los “coyotes” se multiplicarán. ¡Auuuuuuuuuuuuuuuuu!