¿Hasta cuándo Cruz Azul?

Irle a Cruz azul es estar un poco zafado, Cruz Azul, desde hace por lo menos 35 años, es el "ya merito", se arma con jugadores caros, desembolsan grandes cantidades, traen directores técnicos que han triunfado en otro lado, levantan ilusiones, forjan esperanzas, crean sueños, pero al final, siempre es lo mismo.

Soy seguidor de Cruz Azul porque cuando era niño era el club que ganaba siempre y esa es razón suficiente para que un niño se enamore de un equipo. Eso me pasó con Cruz Azul. Pero conforme fue pasando el tiempo, la máquina celeste se convirtió en una máquina de la fatalidad. Un buen día Miguel Marín se retiró y se llevó con él la grandeza de este club. Cuando, a principios de 1980, se fue, el Superman se llevó con él todos los triunfos y todas las alegrías. O tal vez en los 70's ganaron tanto que se gastaron las victorias.

Guardaron una para el invierno del '97, pero fue nada más como para poder respirar...

Y el aficionado sufre, me consta, mucha gente me ha visto llorar por las derrotas azules, es un llanto amargo, de impotencia, un llanto que duele, que cala, es un llanto que no se puede explicar. Las derrotas duelen, pero habemos gente que queremos demasiado al equipo, habemos gente a la que el grito de ¡azul, azul, azul! nos pone la carne chinita, queremos triunfos, queremos un equipo ganador y por eso le perdonamos todo.

No me voy a poner aquí a culpar a nadie, ni a repartir responsabilidades, ni voy a decir que la institución es ejemplar, que les pagan a tiempo a sus jugadores, que la cooperativa es una empresa impecable, que el equipo goza de un ambiente e instalaciones inmejorables, que la "grandeza del club obliga", que desde que murió don Guillermo las cosas no salen, que "fuera Billy", que es un equipo sin alma, que no luchan, que no se entregan, que no corren, que contratan vedettes. En fin, no voy a decir nada de eso.

Pero sí voy a decir que ya es demasiado tiempo de la mano de la fatalidad, Cruz Azul se pone cerca, mira a la fortuna a la cara, la mira fijo, le coquetea y luego se voltea para otro lado porque le gusta más la fatalidad.

Cruz Azul es grande, pero se está gastando su grandeza. No sé si dentro de veinte años sea como el Atlante y el Necaxa, que "fueron", que llenaban estadios, que levantaban pasiones, pero que algo le pasó y tuvieron que cambiar de sede, que dejaron botados a los seguidores fieles que aún les quedaban.

Espero que no llegue el día en que mi hija me diga: papá ¿de veras había gente que le iba a Cruz Azul?

Sé que muchos seguidores se han ido, que hay gente que ya se cansó, se hartó, no pudo más. Yo no, yo soy terco, soy necio, soy aferrado y, como dijo Bronco "tengo tantas cicatrices en el alma, que aunque quieras lastimarme no podrás, tengo tantas cicatrices en el alma, que no queda donde dar un golpe más..." Yo, como dijo Sergio Andrade, sé que "siempre vendrán tiempos mejores..." Firmemente espero que no tarde el día en que a Cruz Azul comiencen a llegarle los triunfos, que la grandeza florezca y las victorias se repitan, lo espero de veras, ojalá suceda pronto y este club tan querido deje de caminar de la mano de la fatalidad.

Los que perdemos, como siempre, somos nosotros, los que aguantamos la burla, los que seguimos apoyando, los que compramos un boleto y nos ponemos una camiseta. A todos nosotros -que somos millones- nos llevan entre las patas con sus estupideces. Los aficionados deberíamos hacer algo, no tengo idea qué, pero algo. No puede ser. Ya no.

Yo sigo siendo azul y estoy como doña Ofelia Guilmain, "muerto por dentro, pero de pie, como un árbol".

Obituario: Hillary vs Trump… Esto se va a poner bueno.