Stranger Things, cuando la nostalgia lleva al éxito

“Stranger Things” ha sido un éxito rotundo, un show que además de su historia, ha creado nostalgia en todo el mundo por la época que evoca.

Durante el último año, la televisión se ha convertido en un lugar donde la nostalgia que el público anhela difícilmente es encontrada en la actual industria cinematográfica. En lo que va de 2016, los relanzamientos de “Los Expedientes Secretos X” y “Full House” fueron éxitos asegurados desde los primeros rumores, noticias y avances en línea. Si la tendencia sigue, lo mismo ocurrirá con los próximos capítulos de “24” y “Prison Break”.

Tan pobres fueron los resultados en taquilla para las secuelas de “Neighbors”, “Now You See Me” y “Snow White and the Huntsman”, que el público ha optado por regresar a la televisión para satisfacer el hambre de consumo de entretenimiento.

strangerthings_1.jpeg

Bajo esta premisa, el augurio para “Stranger Things”, la nueva serie de Netflix inspirada en las novelas de misterio de los años ochenta como “E.T.”, “Gremlins” y “Poltergeist”, entre muchas otras, era pobre. La tónica del show y los clichés de un pequeño pueblo en algún lugar de Estados Unidos amenazado por un monstruo eran tan absurdos, que a primera vista era difícil imaginar cómo el programa tendría éxito, tanto artística o comercialmente, en la era de la inmediatez. Sin embargo, desde sus primeros días de disponibilidad en Netflix, “Stranger Things” se convirtió en un fenómeno.

La historia de “Stranger Things” tiene dos raíces: una es el uso de referencias para crear emociones y la segunda es la originalidad. Sería injusto revelar lo que ocurre durante los ocho episodios, pero todo comienza con la desaparición de un niño llamado Will y los intentos de sus amigos para localizarlo. Al mismo tiempo, una misteriosa niña con poderes telequinéticos llega al pueblo y detrás de ella existe todo un cuerpo de científicos y militares. Mientras un sinfín de eventos ocurren en el otrora calmado pueblo, la mamá de Will, descompensada y desesperada, recurre a todas las alternativas posibles para encontrarlo, entre ellas un sistema de comunicación espectral.

Winona Ryder, en su papel de afligida madre cuyo despliegue de luces de Navidad que sólo ella entiende y que transmite pistas sobre el paradero de su hijo en código Morse, es magnífico. Éste es precisamente el papel que la estrella de cine de los noventa necesitaba en definitiva para lograr la transición en su carrera. En muchos de sus papeles, desde “Edward Scissor Hands” hasta “Heathers”, Ryder reaccionaba a situaciones extrañas con un sentido irónico. Aquí, en medio de un reparto de niños capaces de creer cualquier cosa y  funcionarios del gobierno que saben exactamente lo que está pasando, ella es nuestro único acercamiento al pensamiento racional. Ryder sabe que no tiene sentido que las luces de Navidad tengan un mensaje oculto para ella, pero también sabe que no tiene sentido ignorarlas. Las contradicciones la obligan rozar la locura y salir de ella, y Ryder ofrece así uno de los mejores papeles.

stranger_things.jpg

Y mientras Ryder ofrece realismo, el resto de “Stranger Things” son historias que complementan muy bien la trama central. El amor adolescente, una mamá de suburbio solamente quiere saber qué hace su hijo con sus amigos, un sheriff (David Harbour) que conoce todos los pormenores de Ryder y está dispuesto a ayudar… Historias comunes que podrían ocurrir en cualquier comunidad y en este caso, en “Hawkins, Indiana”, un lugar que ofrece esa sensación de pueblo pequeño donde cualquier historia de terror puede ocurrir.

Aunque muchos de los espectadores no vivieron por completo la era de los “Goonies”, posiblemente no entiendan muchas de las referencias ocultas en “Stranger Things”. Pero está bien. El tono nostálgico de la serie logra el éxito discretamente, paso a paso. La banda sonora (desde el sintetizador hasta The Clash, el estilo cinematográfico, las actuaciones y demás elementos, están comprometidos a vendernos una historia que ya no existe en la cultura pop del siglo XXI.