“Sing Street”, una joya ochentera filmada en el siglo XXI

Para muchas personas, la década de 1980 es la edad de oro del cine. "En Busca del Arca Perdida", “La Princesa Prometida” y "El Club de los Cinco" son sólo ejemplos de la brillantez cinematográfica creada en esa década. Es difícil definir la razón por la cual los ochenta fueron un éxito, pero podemos decir que fueron la energía y precisión de los directores y guionistas lo que marcó la época. Las narrativas, los personajes bien desarrollados y la calidad de las películas eran algo sin precedentes. Ese mismo nivel parece difícil de encontrar en las películas contemporáneas, por lo que cuando encontramos una que rememore la calidad de antaño, es algo muy especial. Eso es lo que ocurre con “Sing Street”.

Escrita y dirigida por John Carney (“Once” y “Begin Again”), “Sing Street” es una historia centrada en Dublín en 1985 y donde el protagonista Connor Lalor comienza una banda, Sing Street, para impresionar a Raphina, la misteriosa chica que vive frente a la entrada de la escuela de Connor. A primera instancia, el argumento suena muy genérico, pero este filme va más allá que eso, sobre todo por el tono realista y la decisión de Carney de ubicarla en los gloriosos ochenta. Y es que de principio a fin, ningún momento de “Sing Street” se siente forzado. Cada momento se percibe natural, y esto se debe en gran parte a los actores. Ferdia Walsh-Peelo (Connor) y Lucy Boynton (Raphina) son grandiosos como protagonistas. Incluso cuando la relación entra en crisis, ambos la resuelven como lo haría cualquier pareja de adolescentes. Jack Reynor da vida a otro personaje importante del filme como Brendan, el hermano mayor de Connor, rebelde músico frustrado pero guía y principal alentador para el proyecto de la banda Sing Street.

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Las escenas de Connor y sus compañeros musicales son más que entretenidas. Sus habilidades musicales son inicialmente cuestionables, lo cual provoca hilarantes ensayos, grabaciones y videos musicales. Sin embargo, lo que crece después de este desastre musical es sorprendente. De alguna forma, es encantador ver cómo los personajes pasan de ser músicos amateurs a verdaderos exponentes del pop. Y es este crecimiento lo que lleva al mayor elemento de “Sing Street”: la música. Las canciones originales son pegajosas y atinadas. Las interpretaciones en pantalla son también elaboradas, particularmente la presentación del grupo en el baile escolar. La música es el eje central que conecta a todos los personajes, pero es también el reflejo del desarrollo de Connor como vocalista. De comenzar su banda fuera de tono a ser un intérprete inspirado en Robert Smith, Joe Jackson, Daryl Hall, Simon Le Bon y cualquier otro cantante de la época. Ese es el toque de John Carney en sus personajes: precisión y cuidado de los detalles para crear calidad en pantalla.

La narrativa también rememora la dorada época cinematográfica. Acompañando a la relación entre Connor y Raphina están los problemas familiares, pobreza y abuso, los cuales fluyen de forma natural. Otro sello característico de Carney en la dirección. Además, luego de los romances imposibles ofrecidos en “Once” y “Begin Again”, Carney logra finalmente unir a sus protagonistas para dejar conforme y satisfecho al espectador.

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“Sing Street” es uno de esos filmes que extrañamente tienen todo el paquete. El tono, los personajes y la narrativa, mezclados con la música, logran un resultado magnífico. Puede que sólo esté basada en los ochenta, pero la forma en que todo funciona en conjunto hace creer que realmente fue filmada en esa década. “Sing Street” es una verdadera joya de principio a fin y confirma a Carney como un genio cuyo brillo en la dirección aumenta película tras película.