The Neon Demon: la belleza no lo es todo, es lo único

Cuando “The Neon Demon” fue anunciada como una película vampiresca, caníbal y de terror, lo que menos esperaba ver era un comercial de cosméticos dos horas. La escena inicial es una sesión fotográfica de una niña con rostro angelical, bañada en sangre e iluminada con luces neón. Hasta que no vemos al fotógrafo, podríamos pensar que un homicidio ha ocurrido en el estudio. Sin embargo, lo que en realidad estamos viendo es la presentación de nuestra protagonista: Jesse (Elle Fanning), una aspirante a modelo.

“The Neon Demon” es el clásico absurdo de “la dulce niña que llega sola a Hollywood e inmediatamente es descubierta”. Jesse llega a Los Angeles (una ciudad muy diferente a la que mostró el director Nicolas Winding Refn en “Drive”), es firmada por una de los mejores agentes (Christina Hendricks) y de forma rápida comienza a llamar la atención de fotógrafos y diseñadores, lo cual provoca la envidia de otras modelos. Jesse llama primero la atención de la maquillista Ruby (Jena Malone) durante el mórbido shooting. Después, Ruby lleva a Jesse a una fiesta donde todos los presentes están obsesionados con la perfección física, en particular dos de sus amigas (Bella Heathcoteand y Abbey Lee). Demostrando inocencia y confesando su virginidad, Jesse sabe que es bonita y que su belleza le puede abrir todas las puertas, pero a la vez, desconoce el poder de su apariencia.

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A medida que Jesse cautiva a todo aquel que se encuentra con ella, se despierta la envidia de las otras dos modelos capaces de recurrir a todo lo necesario para mantener su apariencia perfecta y la eterna juventud. Poco a poco, Fanning desarrolla un ego cuando se da cuenta del poder de su belleza, más cuando se vuelve en la obsesión de un diseñador fascinado por su perfección. "La belleza no lo es todo. Es la única cosa”.

Así, Jesse es desflorada de su inocencia y su narcisismo comienza a brotar sus raíces destructivas. Observamos, sin sorpresa, el cambio gradual en su personaje, su rostro angelical ahora es simplemente una fachada. Ella sabe que otras mujeres quieren lo que tiene.

El diálogo más notable proviene no de las voces, sino de la brillante música de Cliff Martínez, que milagrosamente rellena algunas lagunas de la historia. “The Neon Demon” no es tanto una película, sino una costosa sesión fotográfica con un fotógrafo que se cree la reencarnación de Miguel Ángel.

De hecho, la película en general parece una costosa propaganda de Vogue. La combinación del sonido, las imágenes y el diseño nos mantiene hipnotizados. La belleza no lo es todo en “The Neon Demon”, es la única cosa. Winding Refn ofrece la enésima crítica al mundo de la moda. Es una película empapada de pornografía estética, elegante, sangre y luces de neón. Cada toma se enmarca perfectamente, cada beat de la música augura oscuridad. Bañada en luces de neón, el demonio adquiere un brillo único.

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Cada personaje tiene un lado oscuro, algunos más que otros. Todos son perversos. Uno protagoniza una perturbadora escena de necrofilia lésbica, mientras que otro, Keanu Reeves, es el administrador del motel de mala muerte en Pasadena donde Jesse vive. Sin mucha presencia en la historia más que la de un pedante administrador, Reeves simplemente sirve como una transición a otro capítulo en la historia de Jesse. A pesar del miedo que le tiene a Reeves, Jesse bien hubiera podido mudarse de motel o incluso irse con su amigo Dean (Karl Glusman), quien impacientemente espera que el rostro angelical caiga en sus brazos (o cama) pese a que ella sólo tiene 16 años.

Aun así, el motel parece cálido en comparación con la mansión vacía donde Ruby vive y a la que Jesse llega cuando decide pedir ayuda. Y aquí es donde la promesa de una película de terror comienza. En cuanto a la historia, es muy poca y llega demasiado tarde. Pero en términos de belleza, “The Neon Demon” brilla por sí sola. Filmada de forma brillante y con un soundtrack de igual magnitud. Al igual que Jesse, la película es una obra muy segura de sí misma.