El triste informe

El día del presidente está muerto y enterrado. La decisión de Enrique Peña Nieto de cancelar el mensaje con motivo de su Cuarto Informe de Gobierno y sustituirlo por una encerrona con jóvenes en Palacio Nacional no es una buena noticia. A 27 meses del fin del sexenio el ejecutivo está solo, aislado frente al vendaval nacional y la inoperancia de su administración para resolver los asuntos pendientes.

En su estrategia de comunicación, la casa presidencial ha decidido llamar a los mexicanos a no caer en el derrotismo a valorar las buenas noticias, sacar a la luz lo bueno, “eso que casi no se cuenta, cuenta mucho”, según el slogan oficial. Apela a mensajes de esfuerzo y éxito, a microentrevistas realizadas por el presidente a mexicanos comunes que describen su historia y ponen énfasis en el éxito de algunas políticas públicas, se habla de programas de infraestructura, de apoyo a escuelas, de generación de infraestructura y de la vocación de servidores públicos. también se narran esfuerzos personales, ejemplos que van más allá la obra de la administración federal.

Pero el esfuerzo de convencimiento palidece ante los grandes temas pendientes. El conflicto magisterial refleja la grave crisis de autoridad que atraviesa el país. El diálogo con la CNTE va a ningún lado, el gobierno cede y a cambio los maestros inconformes exigen más, estiran la liga, suben el costo de la negociación sin hallar límites. El mal como el cáncer escala y se extiende afecta a estudiantes, padres de familia, comerciantes y empresarios, paraliza regiones y deja de ser solo un asunto laboral para transformarse en un problema político, económico y por lo tanto de gobernabilidad. La tensión crece y con ella, la posibilidad de confrontación entre el magisterio y quienes han resultado damnificados por el paro. Gobernadores y legisladores ya hablan de modificar la reforma a la educación.

Al tema educativo deben sumarse otros focos rojos. La ofensiva de la iglesia católica y grupos de ultraderecha contra el matrimonio igualitario se ha impuesto. El PRI en las cámaras ha decidido congelar la iniciativa y aunque no se puede entender una decisión así sin el aval del Gobierno, la primera señal muestra una inaudita debilidad presidencial, por primera vez, el tricolor ha dejado de respaldar una propuesta de su jefe, el Presidente de la República; a pesar de ello, la derecha avanza, mantiene los ataques, lleva el discurso a niveles fascistas, enarbola la defensa de la familia pero va por más ante la debilidad del Estado y la cercanía con el proceso de sucesión presidencial, el gobierno se limita a afirmar que la Iglesia tiene derecho a expresarse, aun cuando el nivel de su mensaje, plagado de insultos y mentiras vaya en camino de un encontronazo con la comunidad LGBTTTI. Lo más grave del caso es que la administración federal ha claudicado en el reconocimiento de la igualdad de derechos.

Pendientes están el tema de la seguridad, la escalada de violencia que hace de 2016 el peor de los últimos años. Las guerras del narco han resurgido, la crisis de derechos humanos sigue sin resolverse y las instituciones vuelven al centro de la polémica por casos como Tanhuato y Nochixtlán.

Presidencia nos pide contar lo bueno, valorar las buenas historias pero al mismo tiempo la realidad nos apabulla, el estado de ánimo de los mexicanos no es derrotista, es pesimista y de gran irritación. Ante el “mal humor social” el presidente se aísla, se olvida de rendir cuentas y se encierra, dialoga con los jóvenes – que no está mal- , pero renuncia a dar a conocer a toda la sociedad los logros de su administración, el diagnóstico de los problemas, las propuestas para resolverlos y enmendar el camino de lo que se ha hecho mal.