Mujeres que juegan

Desde Amman, Jordania.- Especial. El estadio está lleno. Los asistentes cantan y bailan, saltan, agitan las manos en una fiesta que eleva la temperatura de la noche futbolera. Dos aguerridos músicos hacen sonar los tambores para arengar a los ansiosos aficionados. Cientos de ellos han esperado toda la tarde bajo el rayo de sol, observando atentos un juego preliminar que poco les importa pero igual disfrutan.

Música, luces y fuegos artificiales terminan de preparar el ambiente y en seguida llega el momento esperado por todos. El equipo local salta a la cancha arropado por el rugido de 20 mil voces. Los asistentes ignoran el duro pronóstico que coloca a su escuadra como víctima segura, el augurio pronto se hace realidad y el visitante avasalla sin piedad el voluntarismo de quienes han desbordado la pasión del respetable. El mundial femenil sub-17 de futbol ha iniciado en Amman, la capital jordana, con una aplastante demostración de la potencia española sobre las anfitrionas.

Seis goles a cero es el resultado final del encuentro. Sobran los calificativos para describir lo ocurrido en la cancha, aunque el público no deja de animar consciente de que asiste a un hecho histórico.

El torneo iniciado este viernes es el mayor evento deportivo albergado por el Reino Hachemita de Jordania, pero su importancia va mucho más allá de lo ocurrido en la cancha.

Las protagonistas son jóvenes y son mujeres, algo inimaginable hasta hace no mucho para quienes desde “occidente” miramos muy de lejos la vida en las naciones de medio oriente.

Me encuentro en el lugar de los hechos para atestiguar el cambio callado que marca a una sociedad en donde la mujer gana terreno. Las chicas jordanas muestran a simple vista la diversidad de su sociedad. Algunas, la mayoría salen a la cancha como si se tratara de jugadoras de cualquier parte del mundo. cuatro de ellas en cambio visten manga larga, mallas y cubren su cabeza con el tradicional hijab de estas tierras. En la tribuna mujeres, hombres y niños por igual se mezclan echando por tierra el mito de la segregación femenina.

Jordania, es cierto, vive una situación particular, distinta a la de los países vecinos, en su mayoría, las mujeres usan abrigos, vestidos largos y el cabello cubierto. Juegan roles específicos, tienen vedadas ciertas labores exclusivas de hombres o de extranjeras, sin embargo, su situación dista mucho de la opresión denunciada en aquellos lugares donde el Islam se interpreta de una forma radical e incluso extremista.

En este país, se abre paso la participación de la mujer en una concepción de su papel social muy distinta a la que tenemos del otro lado del mundo. No se puede medir y mucho menos juzgar la situación de la mujer con los mismos ojos que miramos el rol de las mexicanas y sin embargo, si podemos contrastar la visión parcial y en ocasiones prejuiciosa que tenemos del medio oriente, con la situación de miles de mujeres mexicanas sometidas a la humillación permanente y al silencio de una sociedad hipócrita.

Este mundial, también nos muestra en la cancha el rostro de las jugadoras mexicanas, concentradas, ansiosas de triunfo, comprometidas y alejadas de las mañas y trampas a las que estamos acostumbrados al contemplar el balompié varonil, la integrantes del Tri sub-17, son ejemplo de la voluntad de sobreponerse a esa discriminación silenciosa que se refleja en la falta de apoyos y difusión de su trabajo.

El Mundial de Jordania nos ofrece lecciones en muchos sentidos y el estar en este punto del mundo tan remoto y al mismo tiempo tan cercano, nos ayuda a mirar las cosas con otro cristal.