#LadyCoralina y el Matrimonio Igualitario

Esta semana pensaba escribir sobre las manifestaciones contra el matrimonio igualitario y su relación #LadyCoralina pero no lo voy a hacer, la mañana del domingo es demasiado agradable como para amargarla reflexionando sobre el machismo, la intolerancia, los dogmas y la estigmatización practicada como deporte nacional.

Antes de mirar por la ventana y decidir salir a la calle para disfrutar unas horas de descanso me vinieron a la mente las palabras del periodista y sociólogo francés Frederic Martel, quien advierte que “en todos los lugares del mundo, los enemigos de los gays son también enemigos de las mujeres” y en todos esos lugares la hostilidad nace y se alimenta de las creencias religiosas.

La defensa a ultranza del modelo único de familia integrado por un padre, una madre y uno o varios hijos y la negación de cualquier otra posibilidad, está emparentada con el linchamiento de Emma Alicia Paz Ayala (así se llama la joven bautizada como #LadyCoralina aunque a sus victimarios les valga un pepino).

La chica de 20 años fue marcada con una letra escarlata tras la difusión de dos videos que la muestran besándose con sendos desconocidos durante su despedida de soltera en Playa de Carmen. Los calificativos, que no estoy dispuesto a repetir esta mañana de domingo, provocaron la cancelación de su matrimonio y su estigmatización como una mujer “fácil” e inmoral, ¡Qué horror!

La condena a Emma Alicia Paz tiene que ver sobre cualquier otra cosa con los roles de género impuestos en una sociedad machista que castiga en la mujer acciones o actitudes que se celebran en el hombre. Ellas no tienen derecho a divertirse como lo harían ellos, transgredir el recato impuesto por un orden divino, el mismo orden contrario a la posibilidad de que dos personas del mismo sexo puedan formar una familia.

No crea usted que el machismo solo golpea a Emma Alicia. Su desconsolado novio también resiente los efectos de la condena social. Pablo Torres (también él tiene nombre) seguramente transitó entre la decepción y el despecho de ver a su amada en brazos de otros, pero además debió evaluar la posibilidad de seguir adelante con sus planes de boda y quedar catalogado para siempre como el cornudo imbécil que optó por el amor antes que por la dignidad. Solo él sabe el motivo de su decisión, aunque las burlas derivadas del engaño son más que una simple posibilidad.

El caso de Emma Alicia Paz, también tiene que ver con la ética de los medios de comunicación. La difusión de la infidelidad no se habría hecho viral si no hubiese pasado por los portales de internet de medios tradicionales, cuyos editores decidieron convertir en noticia un hecho privado, carente por completo de un interés público. Los medios armaron el espectáculo y llevaron al tribunal de las redes un asunto que solo compete a dos.

Al final, nada me quita de la cabeza que el juicio sumario a la señorita Paz es movido por las mismas creencias que sostienen una concepción monolítica de la sociedad con mujeres abnegadas, hombres machos, familias integradas como dios las diseño y ausencia de diversidad.

Pero esos pensamientos no son dignos de una mañana feliz de domingo, mejor salgo a caminar y que la sociedad lidie como pueda con el oscurantismo y las trampas de su fe.