Fracaso nacional

La delegación mexicana en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro ha cumplido con lo esperado. A medio camino la sequía de medallas responde a las nulas expectativas y el igual conocimiento de nuestros deportistas por parte del público y los aficionados ocasionales, que cada cuatro años recuerdan que en nuestro país se practican otras disciplinas distintas al futbol.

Nadie genuinamente puede sentirse indignado por el papel de los atletas, como nadie puede decir que la historia se repite por una simple razón, se trata de la misma historia de fracasos y degradación que siempre ha marcado al deporte nacional. Los “nuestros” llegan a los juegos por esfuerzos personales y familiares, los triunfos (cuando los hay) se construyen a pesar de un sistema corrupto e ineficaz, no contamos con una política pública que fomente y sistematice la actividad física ni mucho menos se ocupe de la alta competencia. No existe ahora ni contamos con ella en 2012, 2008 en 1996 o en 1992, la diferencia es que en otras ocasiones, esos esfuerzos individuales alcanzaban a estas alturas para traer cinco o seis medallas que maquillaban la realidad y ahora nada.

Para México los juegos son noticia por el enfrentamiento entre federativos, por la confrontación entre los titulares de la CONADE y el Comité Olímpico Mexicano y los desesperados intentos de eludir culpas de parte de quienes mal manejan el deporte nacional. La temporada de exigir explicaciones, pedir renuncias y clamar por la guillotina que corte una o dos cabezas aparece igual que cada cuatro años, como si eso resolviera problema.

Nos indigna el desastre deportivo mexicano cuando solo se trata de una parte del perverso acuerdo político que rige nuestra vida pública. La discrecionalidad, la opacidad e incluso la forma corrupta en que las federaciones emplean recursos del Estado no es tan distinta a la manera en que autoridades y sindicatos han llevado la fiesta en paz durante décadas, aunque hoy haga crisis en terrenos como el de la reforma educativa.

Las Federaciones convertidas en negocios particulares han sido beneficiarias del corporativismo anquilosado sustentado en la repartición de dinero y la concesión de privilegios.

Es falso que la solución consista en despedir a Alfredo Castillo, El titular de la Comisión Nacional del Deporte podrá ser frívolo e ineficiente, podrá ser un advenedizo beneficiado de su amistad con el Presidente de la República, pero su ausencia no mejoraría la situación del deporte nacional. Por la CONADE han pasado tanto políticos como Bernardo de la Garza, exatletas y personajes dedicados al deporte como Raúl González y Nelson Vargas, todos han fracasado sin importar su conocimiento, preparación o buenas intenciones, por el simple hecho de que el sistema está podrido.

Arreglar al deporte no es un asunto de cambio de personas, es un tema de seriedad. A ninguna administración federal le ha interesado diseñar un verdadero modelo institucional porque no es importante. Si en los temas urgentes como en la seguridad, la justicia, la impunidad y la desigualdad no ha existido la capacidad y voluntad para cambiar, si los cambios profundos apenas avanzan por la resistencia de unos y la indolencia de otros, no entiendo porque debemos esperar que el deporte tenga un destino distinto.