Y llegó septiembre…

“…Hay una niña que hoy empieza
con muñecas a jugar
¿por qué? ¿por qué?
desde el cielo la vigila
una estrella de metal…”
Fernando Ubiergo
 

Ok… Llegó Septiembre y por favor no salgan con el típico “Adiós agosto, fuiste un gran mes…”

Pongámonos serios, para muchos éste es el mes de la Patria,para otros, es tiempo de recordar San Juanico o los sismos del 85.

Otros recordamos y celebramos que el dos de septiembre del año 31 A.C., Cesar Augusto derroto en las costas de Grecia a las tropas de Marco Antonio y Cleopatra, algo que de verdad en mi familia nos pone muy alegres.

Pero realmente para mí –sabe usted- septiembre representa la oportunidad de volver a comer pescado (los productos del mar solo se deben consumir en los meses con “r”) pero sobre todo el gusto… Qué digo gusto, mega gusto de regresar a los estadios a ver fútbol americano estudiantil de México.

A dios gracias, ya hay futbol americano, de la NFL, NCAA, Liga Premier de México (el de las escuelas ricas) y por supuesto ONEFA, donde aquellos que somos de “sangre azul y piel dorada” vamos a gritar “goyas” a los Pumas de CU y de Acatlán.

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Y fiel lectora ya organiza los planes para ir al estadio aver a los Pumas… Ya saben, me encuentran sobre la yarda 30 del lado del marcador, por si llevan tortas, emparedados, papas o un café.

Se preguntarán ¿Por qué esta pasión?

Esto de ir a ver a los Pumas no es solo una afición, ni que fuera futbol soccer; para mí, como para otros muchos, es tiempo de revivir grandes juegos, historias y recuerdos.

Es ser parte de una tradición que ahora mantengo viva a través de mi hija y confío un día ir con una nieta o nieto a ver a los Pumas de la UNAM.

Es extrañar a mi Padre.

Pero a ver… ¿En qué radica todo esto?

Ok… Les explicó, yo tendría como tres años, quizá era 1972 o 73, cuando por primera vez fui al estadio con mi Papá, quien por cierto también jugó futbol americano.

Ahí, ante miles de personas en un súper partido, no le mentiré diciendo que sentí el deseo de ser parte de eso, más bien tuve ganas de ir al baño y mi Papá entre la emoción y el enojo me tuvo que llevar.

Pero así empiezan las cosas… Poco a poco, ese deporte se hizo mío (lo jugué primero en Aguiluchos del ex Colegio Militar, después en Falcon´s y por último en Redskins) pero lo que más importante es que fue un factor de unión entre mi padre y yo.

Siendo niño descubrí al equipo de mis amores: los Cóndores de la UNAM, pero aprendí a querer por igual a las Águilas Reales, Guerreros Aztecas o a los Osos de Acatlán (de las tres mujeres que he amado, una fue egresada de CU y dos de Acatlán) pues como no voy a querer a los Pumas.

También aprendí a sufrir cuando nos tocaba jugar (como si yo hubiera corrido mucho, pero bueno desde la tribuna también se sufre) con la Águilas Blancas del IPN a reconocer que ya sean Burros Blancos, Búhos o Cheyenes, todos los equipos del Politécnico son luchadores hasta el último segundo.

En esas tardes, recuerdo los nervios cuando Carlos Cupido (mariscal de campo de las Águilas Blancas) salía por aire con ese brazo que era capaz de poner en su equipo en las diagonales de una sola jugada.

Por supuesto a Estrevel el corredor del Politécnico que hacia sufrir con sus cortes de cintura a la tribuna Puma.

Pero también recuerdo ese duelo IPN-UNAM de veteranos cuando el “Canario” saludó a mi Papá, la historia de mi progenitor cargando a Joaquín Castillo, mariscal de la Selección Pumas, en el estadio Azteca.

Esa triste tarde cuando los Cóndores perdieron el campeonato y con lágrimas Diego García Miravete (entrenador de los Cóndores) prometió “el otro año seremos campeones” y lo fueron.

Como olvidar esa doble jornada en CU de ensueño cuando Osos de Acatlán vencieron a la Universidad de Chapingo, para subir a la conferencia de los 10 grandes y los Cóndores en juego nocturno se coronaron ante las Águilas Blancas con una enorme luna llena frente a Rectoría.

Pero no todo es alegría… En estos 45 años de ver fútbol Americano, pues sí me tocó estar en CU cuando la balacera, también en el Wilfrido el día en que la tribuna universitaria fue agredida por porros.

Fui testigo de la necedad de las autoridades cuando obligaron a jugar una semifinal Cóndores-Águilas Blancas en Zacatenco a pesar de que no existía la garantía de seguridad para las más de 90 mil personas que querían ver el juego.

La tribuna le decía a Miravete… “No juegues… no juegues, vámonos a CU”, recuerdo que jugó y empezó a llover y a llover, como nunca o como siempre en esa zona del Distrito Federal.

Nadie se movió y después de la lluvia sopló el viento y llegó el frio para el tercer cuarto cuando casi anotaba Cóndores una mala jugada termina en intercepción y salimos de Zacatenco mojados y eliminados.

En esos días, aprendí la historia de las antorchas y una noche pude prender una con el triunfo del “azul y el oro”.

Disfrute de los paracaidistas llegando a CU, de las porristas del IPN y la UNAM llegando en helicóptero.

De las crónicas de mi papá cuando tenía que llegar seis horas antes del partido para apartar lugar y a jugar ajedrez.

Obvio, conocí el Himno Universitario, escuché el “Cóndor Pasa” y la Marcha de los Santos en Trompeta, con la tribuna llena.

Pero esta historia no termina aquí.

Con el paso de los años, la vida me dio una hija y su primer juego fue en Toluca, en la Congeladora ,contra el Tecnológico de Monterrey y tuvimos que viajar para que viera ganar a sus Pumas.

El juego no fue en CU por una de las más estúpidas huelgas que ha sufrido la Máxima Casa de Estudios.

Pero todo valió la pena cuando con trabajos (tenía dos años) pudo gritar “Goya, goya, cachún, cachún ra, ra, goya Universidad”.

Al año siguiente, por fin su primera vez en CU, su expresión cuando entró al estadio y solo pudo hacerse chiquita y decir “es grande”.

Después su primera vez con lluvia en CU junto con su primer partido nocturno.

Las niñas comunes tienen pegados en su pared fotos de películas de Disney, ella a sus Pumas con su banderín y su balón de americano.

Tardó algunos años para ver a sus Pumas Campeones… Juntos recorrimosel campo de Perros Negros, el Estadio de Prácticas o el de la Universidad del Valle de México, peregrinábamos desde Acaxochitlán en la Tepehua hidalguense hasta el Pedregal en la CDMX.

Lo más padre del asunto es que aún le falta ver tanto, porque esta historia continúa hoy en ella y mañana… Pues en lo que la niña se convierta.

Así que estamos en septiembre… El pasado fin de semana llegaron buenas noticias desde la FES Acatlán, los felinos de esas tierras, empezaron la temporada ganando a los Correcaminos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.

El próximo sábado los del Pedregal después de muchos años reciben en CU (justo al medio día) a los Aztecas de la Universidad de las Américas.

Y para la segunda jornada viajar a la Sultana del Norte para enfrentar a los Borregos del Tecnológico de Monterrey.

Qué inicio de temporada tan emocionante.

Generalmente los fines de semana son “sexosos” en Calle Melancolía, pero desde este lunes le propongo darse un tiempo para ir al estadio y cuando regresen pues a darle gusto al cuerpo.

Es septiembre urgen unos chiles en nogada, una mojarra frita, gritar unos goyas y ver ganar a los Pumas.

Hasta aquí alcanzaron cuatro reales,ya saben, para reclamos airados queda mi correo medinaarturo@gmail.com

Pueden dejar fotos de sexosas en http://www.callemelancoliatgo.wordpress.com

Como todo columnista serio (si, ajá) me pueden encontrar en @kolia25 (twitter) y en http://www.facebook.com/kolia25

Hasta la próxima