El amor en los tiempos de…

Sólo el amor 
alumbra lo que perdura, 
sólo el amor 
convierte en milagro el barro.
Silvio Rodríguez
 
Ok…Es tiempo de ponernos serios… ¿?

Sí, ajá… Para nada, el fin de semana empieza y como todos ustedes saben es tiempo de soltarse el pelo, quitarse la ropa y gritar a los cuatro vientos “ésta es la mía”.

Ya que cada quien, en un ejercicio de sinceridad y de profunda reflexión, defina exactamente a lo que se refieren con “ésta” que ahora es suya, por favor no pueden esperar que este humilde fontanero de las letras y artesano de las frases les resuelva todo.

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Desde tierras puerépechas, fiel lectora nos manda una gráfica que resulta ser toda una fantasía, “animas del purgatoria que se cayera y que fuera sobre mí, juro que si eso pasara me volvería creyente.”

Hay un tema que ciertamente es delicioso, pero también entra dentro de la categoría de “serio y complicado” porque tiene un sin número de matices que hace que cada quien hable según le fue en la feria.

Me refiero a la bisexualidad, en este espacio y en mi diario vivir, (qué formal) siempre he dicho que esta preferencia es una delicia.

En mucho porque permite a la persona que lo asume, disfrutar tanto de hombres como mujeres, sin importar cuál sea su género y con una amplia, pero muy, muy amplia gama de posibilidades, actividades, fantasías, situaciones y momentos dignos de recordar.

Finalmente (ah, chingá, pero si sólo llevas seis párrafos) debemos entender que uno se encuentra en este mundo (¿matraca?) para atesorar momentos, para guardar en la mente recuerdos de cuerpos desnudos, orgasmos y humedades.

Obvio, será que soy un coqueto y además lujurioso, pero para mí la bisexualidad es como estar en una tienda de pasteles (de los mejores y por supuesto de chocolate) con los niveles de azúcar bajos y además una buena dosis de insulina para evitar cualquier problema (como se dieron cuenta, soy diabético).

Sin embargo, el asunto se complica cuando una persona (hombre, mujer o trans) se acepta bisexual y además quiere tener una pareja estable.

Mucha gente podrá decir, “bueno, si quieres jugar en ambos bandos no te enamores” y en cierta forma tienen razón, sin embargo, todo ser humano tiene derecho (porque lo tiene) a ser amado, sin importar su preferencia sexual.

Porque el amor no conoce de preferencias sexuales, uno se enamora (como un idiota) sin importar si se es heterosexual, gay, lesbiana, asexual, pansexual, transgénero o bisexual.

No obstante, el hecho de ser bisexual, ciertamente lo complica todo, pero solo un poquito… jajaja, así le dijeron a una prima y ahora tiene 5 hijos.

Lo primero, es ser sincero (a) con la pareja y explicar la preferencia sexual, esto, dicen los terapeutas, que es lo mejor, pero yo pongo cara de ¿será?

Cuando uno tiene una pareja, en teoría se sabe lo que le gusta, chico o chica, gavilán o paloma, quimera o doncella y por lo general el sentido común nos hace evitar este tipo de tentaciones en especial cuando llegan a través de “amigos” o “amigas” recurrentesque pueden ser motivo de algún desliz.

Porque seamos sinceros, la carne es débil simplemente porque es deliciosa.

Pero la cosa se complica cuando a la pareja le gustan ambos géneros, para la otra parte, suele ser muy desgastante cuidar a todos y todas.

Claro, esto no quiere decir que la gente bisexual sea promiscua, pero sí es un hecho que tienen más posibilidades de portarse mal.

Otra opción –pensarán algunos- es que una persona bisexual le sea fiel a su pareja y en teoría eso suena muy bien.

En el caso de las parejas gay, lesbianas y las heterosexuales esto podría ser el ideal o la meta, pero para una persona bisexual esta opción representa tener que rechazar el 50 por ciento de su sexualidad.

A ver me explico, si una persona bisexual, tiene pareja, con ella solo disfruta una parte de su preferencia, la otra, o sea la mitad, tendrá que evitarla, lo cual desde un punto de vista, bien humano, se me hace muy mala onda.

Porque si partimos de la primicia romántica que el amor no limita ni impone, pues en este caso la fidelidad sí lo hace.

Para los que son liberales, pues una solución es poner calendario y dar permiso a la pareja para que ciertos días se porten mal y otros no… Mmmm ese sistema en mi particular opinión no me acaba de convencer, porque el deseo no es algo que se pueda calendarizar.

Creo que la solución es comprender y apoyar, soy un convencido que en pareja, se puede hacer todo.

Lo ideal sería acompañar, pero sobre todo compartir, ese gusto… Esa forma de entender y vivir el arte del fornicio y del gemir con uno u otro.

Esto puede provocar que la sal y la pimienta entre a la relación, lo cual es siempre bueno, además ambos se van a divertir mucho.

También, obvio, la otra parte de la pareja, la que se asumía como no bisexual bien puede descubrir que lo es… Y entonces… ¿? Pues la verdad no tengo la más mínima idea de lo que pueda suceder.

Por supuesto, en este juego, de “hola soy bisexual, qué onda me acompañas” hay que establecer que, como pareja deberán asumir un código de honor muy estricto para evitar problemas en la relación.

Como ya lo hemos dicho, si vamos a jugar al “uno más” ese más no se ve de manera privada, todo lo que se diga y haga queda en la intimidad de la pareja, recordar que lo prohibido es lo más excitante y no sentirse mal si la pasión no es igual cuando se trate de dos.

Claro el recuerdo de esos momentos puede ser el perfecto lubricante para que la humedad sea plena cuando se está con la pareja.

Sin embargo, lo importante es ser siempre “derecho” entender que la otra parte está entre confundida y excitada y quizás con un poco de curiosidad al saber que uno juega en ambos equipos.

Entonces, es necesario hablar, entender y estar seguro que se puede vivir con una persona que en casi todas las miradas encuentra algo sexy de lo contrario lo mejor es sonreír y dejar que la otra persona busque su felicidad en otra parte.

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Si la cosa es más seria, más de me urge que me cuenten las pecas de la espalda, por favor, pongan algo en el blog https://callemelancoliatgo.wordpress.com/

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Hasta la próxima