Los samaritanos de la CFE

“Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho”, insiste la sosa y poco creativa publicidad oficial. No obstante, y en aras de intentar ser complaciente, aquí narramos un hecho “samaritano” sucedido en una empresa del Estado —para que no se quejen en Los Pinos por la falta de difusión—: en la Comisión Federal de Electricidad (CFE) liquidaron a su ahora ex director, Enrique Ochoa Reza, nada menos que con la bagatela de 1 millón 206 mil 271 pesos. Sí, leyó usted bien, amigo lector.

De acuerdo a especialistas en el tema laboral, el monto y la forma que utilizaron en la CFE para entregar la millonaria cantidad es improcedente, ya que Ochoa Reza no fue despedido, sino que renunció para ser ungido por el Presidente como dirigente nacional del PRI.

Escuchar las burdas justificaciones de quien asegura que en el Revolucionario Institucional habrá “veracidad y una lucha frontal contra la corrupción y la impunidad, porque México tiene que cambiar” (Entrevista en Despierta con Carlos Loret de Mola el 26-09-2016), resultan no sólo falsas sino francamente indignantes pues atentan contra la inteligencia de la gente y el sentido común.

Surge, entonces, la mayor incongruencia cuando el presidente del PRI osa hablar de que México tiene que cambiar. Si el acto en el que recibió la cuantiosa liquidación está severamente cuestionado, cuando menos desde el punto de vista ético, el señor no debió aceptar dicha suma y menos intentar “disfrazarla” con endebles argumentos administrativos y legaloides.

Conductas como la de Enrique Ochoa no sorprenden a nadie en el país; son las mismas y recurrentes “mañas” del dinosaurio tricolor. El eterno “agandalle” de los recursos públicos. El llenadero sin fin bajo cualquier pretexto o recoveco que permita hacerlo sin el menor pudor.

Igualmente de condenable es la aprobación tácita del jefe supremo del priismo mediante el silencio y dejar que ese tipo de comportamientos deleznables de los militantes del tricolor no sean objetados o impedidos. Sin embargo, todo indica que, hoy por hoy, el flamante dirigente nacional del PRI está muy arraigado en los aprecios de Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray Caso.

Así es como el “nuevo PRI” ha forjado eficientemente su debacle entre la sociedad y el electorado. Años de abundante demagogia, latrocinios y la defensa a ultranza de ciertos militantes que constituyen una ofensa para los mexicanos. Por ello, siguen multiplicándose los Duarte, los Borge, los Moreira, los Granier, incluso sujetos tan repudiados como Carlos Romero Deschamps.

Y la incredibilidad de la que goza el partido en el poder parece imposible de revertir. Las peroratas gubernamentales insisten en la imperiosa necesidad de “Mover a México”, sólo que integrantes del partido oficial, como Enrique Ochoa Reza, lo empujan hacia el lado equivocado, al oscuro, a una posición de oprobiosa derrota ante el beneplácito de los adversarios políticos.

Queda ahí el agravio de la injustificada liquidación proveniente del erario al líder priista, cuya voracidad, tal parece, es mayor que el decoro para rechazarla y proceder a devolverla. Haberla aceptado lo descalifica moralmente para hablar de combate a la impunidad y corrupción; no importa la cantidad de pretextos que se afane en buscar, no se puede justificar lo injustificable.

JAVIER DUARTE DE OCHOA, A LA HOGUERA

Finalmente, y en un intento desesperado por recuperar el terreno perdido en las elecciones del pasado junio, el PRI inició este lunes el proceso para cortarle la cabeza al controvertido —lo digo de forma suave— gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa. El mandatario estatal se convirtió durante su gestión en un pesado lastre para el gobierno del centro con la violencia desbordada en la entidad y los asesinatos de comunicadores, así como los constantes levantones en la región.

Duarte de Ochoa representa lo más detestable de los “virreyes” que se apoderan, literalmente, de los estados que llegan a “gobernar”. La prepotencia, opacidad, uso indebido de los recursos públicos, compadrazgos, nepotismo, endeudamiento e ineficacia suelen ser las “virtudes” de estos señores de horca y cuchillo; no importa el color del partido al que pertenezcan.

Hoy, el Ejecutivo jarocho parece ser —justificadamente— el “chivo expiatorio” de un partido arcaico que perdió la brújula hace tiempo y está en riesgo inminente de continuar cayendo en las preferencias del electorado y en el tobogán del desprestigio, merced a sus corruptelas de siempre y a que se quedó anquilosado —todo indica— para siempre con los vicios que forman parte de su bagaje y su sistema político. La expulsión y el probable encarcelamiento de Duarte al término de su gestión no cambiarán las perniciosas actitudes, ni de los militantes ni del propio PRI.

La alternancia se vislumbra más probable cada día y el Partido Revolucionario Institucional parece no saber cómo evitarlo. Mucho menos su dirigente, un burócrata sin arraigo ni capacidad para dirigirlo. ¿Con cuánto lo liquidarán en el edificio de Insurgentes Norte cuando renuncie?

@BTU15

*Foto: PRI*