Los lamentos del priismo

Sonó como un lamento dramático. Provenía de uno de los priistas de cepa, de los llamados dinosaurios. Propios y extraños reconocen en él al político inteligente, sagaz y amable. Por si ese bagaje fuera poco, hombre cercanísimo al presidente Enrique Peña Nieto, se trata de Emilio Gamboa Patrón, coordinador de los senadores del PRI en la Cámara alta, quien el pasado miércoles, cuestionado acerca de la hecatombe del PRI en las elecciones recientes, aceptó sin ambages “Nos fallaron muchas cosas. Nos fallaron candidatos, nos falló trabajo dentro de nuestro partido”.

Efectivamente, le asiste toda la razón al yucateco; pero omitió mencionar que también fallaron cuando impulsaron a los gobernadores ladrones del PRI que hoy están en la cárcel, en proteger al prófugo César Duarte, a la nefasta Rosario Robles Berlanga, en hacerse como el Tío Lolo en los vergonzosos casos de Odebrecht y la Estafa Maestra, además del escabroso tema de la Casa Blanca.

Asimismo, el sagaz político de 68 años, “olvidó” reconocer el pésimo gobierno de Peña Nieto. La inseguridad y violencia que se desbordó en este sexenio. Que miles de muertes son consecuencia de una fallida estrategia gubernamental en materia de seguridad. Incluso, que aún existen 53 millones de pobres en el país. Que más de 40 periodista han sido ejecutados en lo que va de la administración peñista -hecho que contribuyó a que México sea ya considerado el más peligroso en el mundo para ejercer el periodismo-. Sí, muchas cosas pasó por alto el atribulado Gamboa Patrón.

Y eso que no se detuvo a reflexionar en lo que ha sido el cáncer del gobierno de Enrique Peña Nieto: la corrupción. La voracidad de gobernadores y funcionarios careció de límites. Ahí está el “ejemplo” del ex presidente del PRI, el ahora vilipendiado Enrique Ochoa Reza, cuando renunció a la CFE y se llevó indebidamente una suma millonaria como liquidación. Y el Ejecutivo guardó silencio.

Por eso, el sempiterno dinosaurio tricolor recibió en las urnas la repulsa cuasi generalizada de los votantes. No podía ser de otra forma. Aquello de que el partido era un nuevo PRI luego de los doce años de estar fuera del poder, resultó un embuste gigantesco. Desde el momento en que el priismo regresó a Los Pinos, lo hizo reloaded en los vicios y “mañas” que siempre le han caracterizado.

De poco le sirvieron al presidente Peña las cacareadas reformas estructurales aprobadas. Los escándalos y corruptelas que envolvieron a la “nueva clase política”, así como la opacidad e impunidad tolerada en la Residencia Oficial, aunada a los miles de cadáveres provocados por el crimen organizado y la delincuencia “común”, pronto dieron al traste con el capital político del mexiquense. Hoy, a 145 días de que se marche, su nivel de aprobación es oprobiosamente exiguo.

Claro que les fallaron innumerables cosas en el PRI, como obligadamente lo admite don Emilio Gamboa. El pero es que de manera soberbia se quisieron dar cuenta cuando la catástrofe se los espetó mediante los resultados electorales de las pasadas elecciones. Hoy, en medio de los escombros, quienes en este sexenio se adueñaron del Revolucionario Institucional y lo condujeron al abismo, por ignorancia, prepotencia y una abismal carencia de oficio político, deben afrontar las consecuencias.

Resultó que el ineficaz burócrata impuesto en el edificio de Insurgentes por el máximo líder del tricolor y sus corifeos, dio al traste con la armonía de los tres sectores y generó una profunda división que se evidenció en la falta de apoyo a la campaña de José Antonio Meade, por cierto, un funcionario capaz y bien intencionado pero que nada tenía que hacer como candidato presidencial. La suma de estos factores conformó desde su “destape”, la crónica de una derrota anunciada.

Todos los perniciosos factores que están arraigados desde siempre en el Partido Revolucionario Institucional y que lo colapsaron -aun peor que en el 2000 cuando fue echado del poder por el panista Vicente Fox-, se pueden resumir en otras de las palabras de Emilio Gamboa Patrón:

“Lo que tenemos que hacer es refundar un partido…”. “Nuestros estatutos -nos metimos un balazo en el pie, sin duda alguna- hay que revisarlos de nuevo”. Efectivamente, el PRI está en terapia intensiva, y si aún desean salvarlo, será necesario realizarle una cirugía mayor para reconstruirlo. Por lo pronto, la tarea luce poco menos que imposible. Hay muchos priistas “tradicionales” ofendidos que sólo esperarán el momento adecuado para cobrársela a los tecnócratas que tanto daño hicieron en la militancia priista... incluido el mismísimo Peña Nieto. 

@BTU15  

*Nota del Editor: Foto: PRI*