Calidad de vida de las familias se deteriora más, niveles de pobreza crecen; diputados a Meade

Jose Antonio Meade Kuribreña, el hoy secretario de Hacienda, pasó en pocos días de ser el funcionario simpático  de la Sedesol que auxiliaba a algunas familias pobres en ciertas regiones del país, a ser uno de los miembros del gabinete peñista menos populares y que permanentemente estará en el ojo del huracán.

Como ayer, en que durante su comparecencia en la Cámara de Diputados, el legislador panista, Gerardo Federico Salas Díaz, le espetó: “hoy la economía en su conjunto no camina, la calidad de vida de las familias no mejora y por el contrario, se deteriora más, pues los niveles de pobreza crecen, el endeudamiento es la constante y el tipo de cambio continúa su deterioro con un peso cada vez más débil”. Un diagnóstico exacto que seguramente compartirán millones de mexicanos.

Y por más que el soso discurso oficial insista en la cantaleta de que México, a pesar del difícil entorno mundial avanza, la realidad simplemente es otra. Esa donde uno de cada dos mexicanos  -la mitad- está en pobreza, de acuerdo a cifras del Coneval, también, donde muchos de ellos sobreviven en la informalidad o con el precario sustento de un miserable salario mínimo.

Pero integrantes de la alta burocracia, como Meade, no saben de carencias y angustias para acercar lo indispensable a la mesa de las familias, y lo desconoce porque su labor en la Sedesol era mediática y demagógica, como entregar una aspirina de genéricos a un enfermo moribundo, nada más.

Seguramente por la falacia del gobierno federal respecto al rumbo del país, es que Exaltación González Ceceña, otro diputado del PAN acotó el optimismo del titular de Hacienda, cuando le precisó que el paquete económico no genera expectativas positivas para la ciudadanía, dado que hay recortes importantes que muestran la falta de capacidad en el manejo de los recursos públicos.

Así las cosas para el nuevo secretario de Hacienda que parece haber sido el ganador en la “rifa del tigre” donde tendrá que acostumbrarse a las intensas presiones y críticas en este país de 55 millones de pobres, con una deuda que ronda el 50% del PIB, la economía que no crece como debiera y un frágil peso devaluado, todo ello, cercado por la incontrolable violencia y la ausencia de un estado de derecho real.